Monterrey, Nuevo León. Hay rolas que nos habitan. Algunas duelen, otras curan. Las de La Barranca, sobreviven al tiempo. Se incrustan en la piel como cicatrices luminosas, se vuelven lenguaje compartido entre quienes escuchamos con el corazón. Este sábado 5 de julio en el Foro Tims de esta ciudad, celebramos tres décadas de una banda que no sólo hizo historia: la sigue escribiendo.
Nos sentamos frente a José Manuel Aguilera, guitarrista, cronista emocional y arquitecto sonoro de esta travesía. Recordó aquella primera vez que tocaron en un foro del centro de la Ciudad de México en 1995. “Ahí nació La Barranca”, nos dijo, evocando la azotea del mítico Barmata, con la mirada entre la nostalgia y la lucidez del presente. Y no, no es sólo una celebración de aniversario, es un regreso al origen, pero con nuevas capas de sentido.
“Las canciones son seres vivos”, reflexiona Aguilera. “Uno cambia su relación con ellas. No las vemos como piezas de museo, sino como obras que se transforman”. Por eso, tocarán El fuego de la noche completo —por primera vez—, junto con piezas de otras etapas hasta llegar al presente con Antimateria, su más reciente obra, escrita desde la ausencia y la pérdida de la pandemia, pero también desde la ternura y el consuelo.
En esta travesía lo acompañan músicos que abarcan generaciones. Jóvenes que crecieron con La Barranca y ahora la interpretan. Una banda mutante que nunca pierde su espíritu. Porque al final, como él mismo dice, “la técnica debe estar al servicio de la emoción”. Por eso su rock nunca fue fácil de clasificar: porque nació de la entraña.
Este sábado, Monterrey escuchará no solo acordes, sino ecos del tiempo, canciones que nos han salvado, acompañado, y que ya no le pertenecen solo a él. Nos pertenecen a todos.

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