Monterrey, Nuevo León. La noche del viernes 27 de junio se sintió cargada de energía, emoción y melodías que parecían hablar directo al corazón en el Foro Tims. Uno a uno, los fans de Las Ligas Menores fueron ocupando su lugar en el venue desafiando el calor con outfits oscuros, camisetas de la banda, botas negras y corazones listos para vibrar. En medio del público, una pequeñita con vestido de Ana de Frozen y botas negras llamaba la atención: tomada de la mano de sus papás, brincaba emocionada, como si ya supiera que esa noche iba a ser inolvidable y lo fué.
La banda argentina, emblema del indie rock sudamericano, subió al escenario con esa vibra auténtica que los caracteriza. Desde los primeros acordes, se sintió la conexión. Sonó “Contando lunas” y el ritmo comenzó a apoderarse del público. Luego vino “Tema 7” con su cadencia precisa, y “Las pirañas” trajo ese sabor entre lo melódico y lo misterioso, ideal para el ambiente cálido y eléctrico que se tejía.



A pesar del calor nocturno, nadie se quejaba. Más bien, las sonrisas, los pasos suaves, los coros espontáneos, hablaban de un público feliz, de esos que saben que lo bueno no necesita escándalo. “Éramos 3”, “En invierno” y “El baile de Elvis” continuaron la travesía, mientras los celulares captaban instantes que ya eran recuerdos dorados.

Y cuando sonó “¿Quién es aquel?”, muchas miradas se encontraron, sabiendo que esa pregunta también era suya. “Accidente” y “Luces y carteles” tejieron la parte más nostálgica de la noche, justo antes de que la potencia de “Piedra del Águila” y “Alguien algo” levantara otra vez los ánimos.



Cada canción era un regalo: “La nieve”, “Dicen”, “Te quiero”, “Peces en el mar”, “El desierto”, y esa belleza brutal que es “A 1.200 km”, nos recordaron por qué Las Ligas Menores tocan el alma sin necesidad de adornos.
Cuando llegó “Ritual encantador”, la pequeña con vestido de Ana ya se sabía el ritmo, bailaba sin parar. El público entero era parte de ese hechizo. Luego “Renault Fuego” encendió el coro general, y “24/7”, “Crecer”, “Ni una canción”, “Mi error” y “De la mano” cerraron la velada con una mezcla de dulzura, nostalgia y alegría compartida.
Fue una noche de calor, de botitas negras, de letras que abrazan, de guitarras que cuentan historias, de melodías que nos recuerdan quiénes fuimos, quiénes somos y lo que aún nos falta por vivir.
Las Ligas Menores no solo tocaron sus canciones. Nos tocaron el corazón.
Imágenes por: Arqueles García


