Monterrey, Nuevo León. La noche del domingo 22 de junio nos regaló algo más que un concierto: fue una experiencia íntima, cálida y profundamente emotiva con José y el Toro, ese cantautor venezolano que ha sabido rescatar el bolero del olvido y vestirlo de nuevos sonidos. Entre melodías que huelen a R&B, pop, balada y nostalgia, vivimos un viaje musical donde lo más importante no fue el tiempo, sino la forma de sentirlo.
El público regiomontano abrazó de inmediato su propuesta. Bastaron unas palabras, una anécdota sobre la vida lejos de casa, un guiño a las carnitas asadas y al humor del norte, para que la conexión fuera total. Y entonces llegaron las canciones: “Reloj ingrato”, “Vida mía”, “En tus ojitos”, “Viejitos” —que hizo que varias parejas se tomaran de la mano—, “Que gusto conocerte”, “Cuando el mundo acabe” y muchas más que encendieron emociones y provocaron suspiros, sonrisas y hasta lágrimas.











Como si eso fuera poco, la noche también nos sorprendió con la presencia antes de la llegada de José y el Toro nada más y nada menos del también talentoso cantautor El Riqué, otro artista que viene sonando fuerte y que emocionó con sus rimas y palabras haciendo uso de las mismas con metáforas y jugando con ellas en su propio ritmo y esencia mientras escuchamos unos cuantos temas (que nos quedó a deber más) como “99.99%” y una nueva canción que saldrá en su nuevo disco titulada: “Volver volver” emocionando a la audiencia y preparando el camino para seguir con una extraordinaria velada con José y el Toro.




José y el Toro no solo canta, conversa, observa, se deja tocar por la ciudad. Le gusta camin r, quedarse, conocer, escuchar. Cree —y nos recuerda— que la música no es una carrera, sino una manera de habitar el presente. Su disco La Vida Lenta no es una consigna, es una forma de respirar.
“Estamos en una época donde estamos muy conectados, pero también muy desconectados de nosotros mismos”, dijo. Y su música, justamente, es un puente para volver a mirarnos desde la calma, desde lo que realmente importa.
💛 Monterrey le cantó, lo escuchó, lo abrazó… y le pidió quedarse para siempre.
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Fotografías por: Arqueles García


